Dos centímetros


Yo nunca tuve padres, de los motivos nunca me ha gustado hablar, no me gusta la mirada de compasión y las palabras bobas de aliento, y es que nunca ha sido una gran tragedia, bueno, algunas veces, lo más difícil ya pasó en la niñez, ya he sufrido la incomodidad en los festivales de la escuela y la compensación hipócrita de los adultos, pero como dije, no me gusta tocar ese tema.

Los recuerdos más felices han sido al lado de mi hermana mayor y de mi abuela, recuerdo ella preparada sándwiches y nos llevaba a la playa, mi hermana y yo siempre jugamos a estar dos centímetros de la inmensidad del mar, el juego consistía en pararse en la playa y que las olas no nos mojarán los pies, quien sin ser mojada quedaba más cercana era la ganadora, yo siempre fui la campeona, no recuerdo haber perdido ni una sola vez. En los días que las cosas iban mal me reconfortaba ser una experta en predecir al mar, en dominarlo, finalmente quien domina un mar domina a todos los mares, con los mares domados el mundo entero era mío.

Hoy estoy otra vez frente al mar, ya no soy una niña y las cosas no han salido del todo bien esta semana, tengo ese sentimiento conocido de desesperación y tristeza, no puedo soportar regresar a casa y ver a mi abuela sirviendo la cena, cuando ella me pregunte ¿Cómo me fue? Estoy segura que voy a llorar, voy a ver su cara triste por mi culpa, me dará ánimo sincero y fingirá el asunto no tiene importancia. Simplemente necesito una pausa para pensar y acomodar las cosas, necesito tirar mi tristeza al mar sin terminar con los pies mojados.

En este momento creo no hay cosa más terrible que el mar de noche, ya es muy tarde y no he logrado más que tararear una canción melancolía mientras camino, el único recuerdo dulce que evoco es cuando sentí por primera vez la mano cálida de mi primer amor sobre mi pecho, esa sensación caliente de ser tocada por otra piel, el beso alocado de los amantes que se desean poseer sin saber cómo, él ya no está, como tantos otros se ha ido. La mayoría no vale la pena recordarlos, pero algunos fueron inolvidables, pero ellos nunca lo sabrán.

Ya pasa de media noche, el móvil no ha dejado de sonar y lamento profundamente no haber tenido el valor para responder la llamada, ni siquiera deseo mirar la pantalla. Sé mientras camino no llegará mi salvador, no encontraré a un hombre que me cobije con sus brazos y me diga palabras que me salven, sé mañana despertaré con mejor ánimo y sé también regresaré a la playa de noche donde soy experta en que no me toque la inmensidad, todo lo sé, pero en este momento no puedo dejar de llorar. Está noche deseo estar dos centímetros más cerca del mar, deseo tener los pies mojados y olvidar.

2 comentarios:

claudia hipolito | 30 de diciembre de 2014, 19:02

Que historia tan simple y sin más adornos que la propia realidad, me ha gustado mucho y también me ha transmitido cierta nostalgia, un final distinto hubiera sido..... y el mar se rió de que el no pudo ganarle, pero sus propia lagrimas mojaron sus pies. Pero bueno querido linda entrada.

°AcidRain° | 31 de diciembre de 2014, 14:23

Me ha gustado tu final alternativo, me parece interesante. Y creo vendría muy bien también que en ese momento un grupo de cangrejos, como tú comprenderás, hiciesen un circulo y levantando las tenazas y cantarán tipo reguee una cosa que fuese algo como buurururu bubu ruru jajaja.
Saludos cariño, agradezco tu comentario, en verdad me pareció interesante.

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