Fragmento. (Sin titulo)

Presento el quinto capitulo de este nuevo proyecto que aun no tiene titulo y esta sin corrección, deseo pronto terminarlo, espero estos meses sean prósperos como siempre lo han sido. (si se preguntan sobre los capítulos anteriores pues aun no existen, aproximadamente supongo serán unos ocho)

El día fue difuso y pesado, la televisión y la computadora ese día no resultaban tan entretenidas, no conseguía mitigar el tiempo y engañar al reloj, Cristian tenia una de esas ideas torcidas que dejan un hueco en la boca del estomago, por la tarde comió un poco de yogurt y cereal sólo por compromiso e insistencia de su madre, solo salió de su habitación para una ducha apresurada y regreso inmediatamente, encendió el estereo y eligió el disco que se ajustara a su sentir, en ese momento podría ser casi cualquiera, también cerro las cortinas, apago la luz y se recostó a pensar intentando una vez más vencer la carga de lo que ocurría en esos mismos momentos en un lugar cercano, ciertamente Saúl en ese momento estaba ya preparándose para recibir a Paulina, y ella estaría nerviosa seleccionando el vestuario apropiado para la ocasión, aunque la idea que lo asalto en ese instante era superficial, Cristian no dejaba de pensar en lo hermosa que estaría Paulina esa noche, no dejaba de pensar en la impresión que tendría Saúl al verla, la emoción que el mismo podía sentir y al deshacerse con la realidad terminaba en una desesperanza punzante aun así se preguntaba sí vestiría su vestido azul para eventos importantes o su falda negra para asuntos más mundanos.

La tarde fue menos benevolente que el día, la ansiedad pesaba cada minuto más, al caer la noche aun con cielo azul índigo decidió salir una vez más por la botella medio vacía que conservaba en la nevera, entre silencio y oscuridad consumió la botella a grandes tragos, la música serena dialogaba con él en una forma imprecisa pero con la sinceridad que el alcohol facilita, su inerte acompañante expresaba melodiosamente: “There's part of me You'll never knowThe only thing I'll never show” Cristian se decidió a salir a la calle, la noche ofrecía la armonía que necesitaba, y el alcohol se había consumado.

Después de conseguir una garrafa de licor barato, camino por las calles que sabia eran poco transitadas, se oriento en dirección hacia el pequeño bosque o el gran parque, para fines prácticos era como se pretendiese ver, al llegar apreció el considerable frió que guardan los árboles y el pasto ocre, recorrió tambaleante azarosamente los alrededores, de alguna extraña manera Cristian buscaba presencias de los buenos tiempos, los que se marcharon, cuando todo era alegría entre los tres amigos, halló el sitio nostálgico que buscaba y se derrumbo recargado en un tronco, imagino a los tres niños felices que ocuparon el lugar en que solo quedaban restos miserables de lo que fue y ya no esta, arrojando la botella contra el suelo desato su furia en un potente y borroso alarido “cojan hijos de su puta madre”.

De regreso a casa Cristian estaba un poco más sereno pero aun excitado por los últimos efectos del alcohol, interrumpió el paso y fumo un cigarrillo, sin pensarlo demasiado detuvo un taxi y lo abordo, se acomodo en el asiento trasero y en forma seca expreso “Buenas noches, por favor lléveme a avenida tulipanes, a la altura del segundo semáforo”, el taxista era tan estereotipado, pelo cano, moreno y parlanchín como exige el oficio, comenzó la charla con los temas cotidianos.

-¿No tiene frió joven? Pregunto el conductor mientras cambiaba de estación
-Si algo. Respondió Cristian que miraba por la ventanilla del lado izquierdo

Era casi media noche y la niebla comenzaba a invadir la ciudad, el taxista parlanchín rebasaba los autos rezagados, rehuía de los perniciosos baches y le rogaba al semáforo en rojo que cambiara su forma de ser, el taxista hostigaba a Cristian con su charla, no dejaba de hablar estupideces, no había duda que la noche era solitaria para el hombre y estaba en busca de un interlocutor para contenerla, Cristian miraba fijamente los objetos pasar a gran velocidad, su concentración fue interrumpida cuando el taxista pregunto:

-¿Va a ver a su novia?
-Si voy ver a mi lindísima novia. Respondió con una sonrisa mientras miraba en el reflejo del espejo los ojos del conductor.
-Seguro ya va tarde
-No, no me esta esperando en realidad llego de sorpresa.
-A ver si los papás de su novia no lo corren. Se dibujo una sonrisa en su marchito rostro
-Ella esta en casa de un amigo.
-Haaa y si no es indiscreción ¿Qué están haciendo?
-Claro que no es indiscreción... ¿Qué más podrían estar haciendo? Están cogiendo.

El taxista reía ruidosamente mientras mostraba sus afilados e incompletos dientes, al percatarse que Cristian continuaba serio, se dio cuenta que no era broma, pero la noche era tan aburrida que no desperdiciaría la oportunidad, continuo riendo pero ahora en tono de burla, después de que la guasa había pasado el taxista solo dijo: -¡Ha caray, que cosa! Y no volvió hablar hasta que llegaron al lugar y demandó su paga, Cristian sabia que no tenia dinero, se quito el reloj y lo dejo como prenda hasta que cubriera la cuenta en el futuro, no tomo ninguna precaución, seguramente nunca volvería a encontrarse al cochero, pero eso no tenia ninguna importancia, además un reloj siempre será un accesorio miserable.

Camino un poco hasta llegar a la calle donde vive Saúl y Paulina, en la casa de paulina todas las luces estaban apagadas excepto la de la entrada, la ventana de la habitación de paulina estaba cerrada, se necesita conocer a una persona una vida completa para saber sus hábitos y costumbres sin nunca haber echo una sola pregunta, Cristian sabia que Paulina no soportaba dormir con la ventana cerrada por ningún motivo y en ningún lugar, también sabia que después de los once años necesitaba de la luz tenue de la lámpara para conciliar el sueño, era un hecho que Paulina esa noche no estaba en casa.

A cinco casas estaba la de Saúl, Cristian llego y se sentó en la banqueta cruzando la calle, frente a la casa que tenia la luz de la entrada, la de la habitación de Saúl y la de la sale encendida, no se percibían siluetas tras las gruesas cortinas, estaba extrañamente silenciosa, solo algún esporádico auto que apuntaba los faros a los ojos de Cristian, ya no quedaba ningún resto de los efectos del alcohol, el frió calaba profundamente y a cada segundo la ansiedad aumentaba, imaginaba con horror y morbo lo que sucedía dentro de aquella casa, no alejaba su pensamiento del hermoso cuerpo de Paulina desnudo al servicio de Saúl, sin duda experimentaba un estado de sentimientos encontrados, son de esas ocasiones grises donde no se tiene la certeza de lo que se debe de sentir, odiaba a Saúl por tener lo que el no tenia, al mismo tiempo se odiaba a el mismo y a Paulina por permitirlo, sin embargo sentía gran admiración y cariño por ella, era tan ecuánime ante la desgracia, pero finalmente asi era el juego, no había a quien reprochar, en todo caso eran victimas de su propia estupidez.

Habían pasado dos horas y los cigarros se habían terminado, estaba desesperado cuando finalmente vio en la habitación de Saúl la silueta delgada de paulina, juzgando por la colocación delos muebles ella estaba frente a la cama del lado contrario a la cabecera, se acomodaba el pelo y su figura salía del campo de visión al inclinarse verticalmente, no se apreciaba nada en especifico pero Cristian intuyo inmediatamente los movimientos y posiciones clásicas de un sexo oral, no apartaba la vista de la ventana, después de una hora vio como encendían la luz del baño y la apagaban después de cinco minutos, no encontraba relación lógica entre los movimientos, a pesar de estar paranoico aun conservaba su buen juicio, aproximadamente eran las tres de la mañana y todo seguía en calma.

Cristian estaba cansado y con efectos de resaca, las piernas estaban entumidas por el frió, a lo lejos advirtió los destellos intermitentes rojos y azules de una unidad de policía, estaba muy cansado y harto para esconderse o correr, camino como pudo bajo los cercanos y aun por en entreramado podía ver la iluminada ventana, la autoridad se acercaba tarda pero constante, al llegar donde Cristian estaba la unidad se detuvo y los dos uniformados se bajaron del auto compacto, saludaron con un “Buenas noches” y le solicitaron se identificara, por suerte Cristian lo hizo debidamente, en todo momento se mostró tranquilo y amable, por la facha era obvio que no era ningún delincuente, de reojo vio en la ventana que paulina tapada con una sabana movía la cortina para asomarse a curiosear, no había ningún rastro de Saúl, eso hacia que Cristian se sintiese mejor, los oficiales continuaban indagando pero Cristian era hábil y mintió diciendo iba saliendo de la casa de frente y se dirigía hacia su casa muy cerca de ahí, por suerte conocía la zona por lo que los oficiales se retiraron, Cristian fingió que caminaba solo para dar la vuelta y regresar.

Cristian decidió aproximarse más, entro por la reja del patio que estaba abierta, se asomo por una de las ventanas de la sala y no había nadie, solo la luz estaba encendida, esa noche había sido larga y sinuosa como para detenerse con lo poco obtenido, demandaba un poco más, decidió trepar por la pared y llegar hasta la marquesina de la segunda planta y de ahí caminar hasta la ventana de la habitación de Saúl, el acceso fue peligroso pero lo consiguió, se traslado agarrado de la pared hasta llegar a la anhelada ventana, antes de atreverse a mirar por la ventana se dispuso a escuchar y solo oía música muy calmada, en el ángulo en el que estaba solo se veía el closet y el escritorio, se agacho para pasar por debajo de la ventana sin ser visto y conseguir un mejor punto de vista, llegando al sitio se asomó por lo la abertura, solo tenia acceso cuando la cortina era movida por el aire, consiguió ver la pierna desnuda de paulina tendida sobre la cama y su falda negra revuelta entre las sabanas.

La puerta se abrió y observo a Saúl entrar desnudo a la habitación, vio los dos pares de piernas, y escucho como se besaban, también observo como Saúl se acomodaba en medio de sus piernas, escucho el gemido agudo de Saúl y un chapoteo sexual rítmico, con tal afonía se podía apreciar la fricción de los cuerpos, ella no hacia ningún ruido voluntario, Cristian esteba turbado lo que le insito a introducir la cabeza lento pero sin precaución de ser visto, sintió el calor de la habitación en sus orejas y su rostro, a unos centímetros estaban los amantes, en la clásica posición de misionero, era imposible que Saúl lo viera, además por la posición estaba fuertemente excitado para percatarse, transpiraba y estaba con sombras rojas por el cuerpo, ella guardaba el perfecto blanco cadavérico y cerraba los ojos, el aroma a sexo estaba por la habitación, repentinamente Paulina abrió los ojos y Cristian saco la cabeza ágilmente, con temor de ser visto abandono el lugar, en la exaltación casi cae pero logro conservar el equilibrio, rápidamente tomo la bicicleta que esta en la cochera y la monto, antes de irse tomo la piedra y la arrojo en el ventanal mas grande de la sala, el sonido fue estridente y melodioso, Cristian escapo con la bicicleta a prisa y se desplazo con dirección hacia la avenida principal.

Por la distancia era absurdo intentar llegar en un medio de transporte tan rustico como una bicicleta hasta su hogar, pero sin embargo no había otra opción, tenia que hacer varias pausas rendido por el agotamiento, pero sin embargo disfrutaba el aire en la cara y la sensación de libertad, sus ideas eran muy claras, ya casi amaneciendo nada se había perdido y todo podía justificarse, el cristal roto, la intrusión a casa de Saúl y el robo de la bicicleta eran solo meros por menores, cosas que pasan todos los días en una gran ciudad, nadie podía culparlo era solo un joven que estaba enamorado en una situación extraña, casi amaneciendo con los primeros rayos de sol, Cristian estaba a un par de calles de su hogar, la bicicleta ya no era útil y necesitaba deshacerse de la evidencia, resolvió regalarla a la primera persona que la aceptara y no fuese inquisitivo, la campana del hombre de la basura tintineaba vivaz y descarada, él candidato ideal, Cristian se acerco a él y le dijo “¿te gusta mi bici?”, el hombre de la basura un tanto atónito contesto “Pus si esta chida”, de inmediato la aproximo y le dijo “pues quédatela, pero callado y no hay bronca” después se alejo camino a casa y el hombre de la basura solo alcanzo a decir “Pos gracias guerito”, en el ultimo tramo Cristian percibía como algo novedoso a los primeros autos con personas esplendorosos con la ropa perfectamente planchada y el nudo de la corbata bien hecho, los trabajadores y estudiantes con el cabello humeado que van veloz por que llegan tarde, los puestos de comida que se comenzaban a instalar, la gente que se apretujaba en el transporte publico con olor a humano y jabón de tocador, y ante todo la mañana que comenzaba a vivir, con son sus idilios y desencuentros.

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